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Hace un año, Inés y Lautaro esperaban un corazón. Hoy, juegan, ríen y celebran la vida gracias a la decisión solidaria de familias que, en medio del dolor más profundo, eligieron decir “sí” a la donación de órganos.

En el marco del Día Nacional de la Donación de Órganos y Tejidos, el Ministerio Público de la Defensa de la Nación comparte dos historias profundamente atravesadas por la esperanza, el amor y la solidaridad. Historias que también forman parte de nuestra institución, ya que Inés es sobrina de María Lourdes Marcovecchio, integrante de la Unidad Especializada en Derecho de Ejecución de la Pena ante la Cámara Nacional de Casación en lo Criminal y Correccional, y Lautaro es hijo de Eugenia Navarro, trabajadora de la Defensoría Pública de Víctima con asiento en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Ambos niños padecían patologías cardíacas graves para las que no existían otras alternativas médicas posibles más que un trasplante. Después de largos períodos de internación, innumerables procedimientos invasivos y meses de espera en emergencia nacional, durante 2025 recibieron un trasplante de corazón que cambió sus vidas para siempre: Inés, a los 15 meses; Lautaro, a los 5 años.

“Inés estuvo nueve meses internada y seis en emergencia nacional esperando un trasplante cardíaco. Gracias al acto de solidaridad de una familia que dijo ‘sí’ en un momento de mucho dolor, recibió su segunda oportunidad de vida. El amor trascendió y salvó muchas vidas”, expresó María Lourdes Marcovecchio.

“Hoy, gracias a la donación de órganos, disfruta de lo más sencillo de la vida con mucha alegría. Estamos orgullosos de su valentía”, agregó.

Por su parte, Eugenia Navarro sostuvo que “la donación de órganos significó para nosotros esperanza en medio del dolor más profundo”. Lautaro ingresó a la lista de espera en emergencia nacional el 6 de febrero de 2025 y atravesó 180 días de internación antes de recibir su trasplante.

“La donación de órganos no borra el dolor, pero transforma el amor en vida y esperanza para otros. Nuestro agradecimiento eterno será siempre para la familia donante que, en medio de un dolor inmenso, tuvo el gesto más generoso y humano que existe: regalar una nueva oportunidad de vivir”, manifestó.

Cada donación tiene el potencial de salvar o mejorar la vida de hasta diez personas. Por eso, la donación de órganos y tejidos no sólo constituye una cuestión médica, sino también un compromiso social que requiere conciencia, información y solidaridad.

En Argentina, donde actualmente existen 8,57 donantes por cada millón de habitantes, la Ley Nº 27.447 —conocida como “Ley Justina” y reglamentada en 2018— representó un avance fundamental para incrementar la cantidad de donantes en nuestro país, al establecer que todas las personas mayores de 18 años son consideradas donantes de órganos y tejidos, salvo que hayan dejado constancia expresa de lo contrario en vida.

Sin embargo, más allá del marco legal, resulta fundamental conversar sobre esta decisión y manifestar claramente la voluntad de donar a familiares y personas cercanas, o registrarla digitalmente a través del sitio web del INCUCAI. En los casos de donación pediátrica, la decisión continúa dependiendo exclusivamente de madres, padres y/o tutores.

La decisión de donar es personal, solidaria y puede modificarse en cualquier momento. Por eso, fechas como esta invitan también a reflexionar sobre el enorme impacto que un gesto de generosidad puede tener en la vida de otras personas y sus familias.

Según datos del Sistema Nacional de Información de Procuración y Trasplante de la República Argentina (SINTRA), actualmente 7344 personas necesitan un trasplante para salvar su vida y, en lo que va del año, se realizaron 881 trasplantes en nuestro país.

Desde el Ministerio Público de la Defensa de la Nación reafirmamos nuestro compromiso con el derecho a la salud y con el acompañamiento a las personas y familias que atraviesan situaciones de extrema vulnerabilidad. Pero, sobre todo, en esta fecha queremos poner en valor el enorme gesto humano que implica donar: una decisión capaz de transformar el dolor en esperanza y de darle a otra persona una nueva oportunidad para vivir.